World Christian Network
   
¿Qué es el Hombre?
TwitterCompartir en Twitter   
 

Autor: Cecilio Me Connell

En nuestros días los horizontes del hombre se han extendido enormemente en muchos campos del descubrimiento y del saber. Las partículas más pequeñas de la naturaleza y los lejanos planetas y galaxias han venido bajo su escrutinio. La tecnología ha avanzado como en ninguna otra época de la historia. Esto ha servido para que algunos se ensoberbezcan creyendo que todo lo pueden y que no necesitan de Dios y, por otra parte, ha hecho que el universo sea tan grande y complicado y hasta mecanizado que el mismo hombre pierde su importancia. Es bueno, pues, que consideremos cuál es la doctrina bíblica del hombre; cómo considera el Altísimo al ser humano.

El Salmista de antaño decía: "Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?" (Salmo 8:3, 4).

Lo primero que diríamos es que el hombre es un ser creado. Génesis 2:7 dice: "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente." El hombre no es una criatura del acaso, que por juntarse ciertos elementos inertes en la naturaleza llegó a existir. Más bien es una creación, una obra en que Dios tomó interés. No es autocreado ni es autosuficiente; el hombre es la cumbre de la creación, pero es un ser creado y, por lo tanto, dependiente.

En segundo lugar diríamos que el hombre es creado a la imagen de Dios. Génesis 1:27 dice: "Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó." Porque Dios creó al hombre del polvo de la tierra, tiene muchas características terrenales, propias del animal. Pero también las tiene del cielo, características de Dios —una inteligencia superior, emociones, voluntad, anhelos. Hay en su pecho un deseo de superación, un aprecio de que hay una diferencia entre el bien y el mal y que debe buscar el bien. Tiene algún grado de santidad. La imagen de Dios sn el hombre representa un hecho y un desafío.

Lamentablemente, tenemos que decir en tercer lugar que el hombre es un ser caído; es pecador, pues ha errado el blanco. La imagen de Dios no es tan evidente en él como debiera serlo, porque su caída ha afectado su físico y su estado moral y espiritual. Una cosa que distingue al hombre del animal es la conciencia de sí mismo. Así cuando el individuo se desarrolla hasta darse cuenta de la diferencia entre sí mismo y otro, empieza a ver la posibilidad de progreso. La bestia no puede formar juicios ni hacer comparaciones, por lo cual nunca se ríe ni ve lo ridículo. Pero la posibilidad de progreso también involucra la posibilidad del egoísmo. El pecado viene cuando una persona pone su propia persona antes que Dios, cuando el "yo" es rey. Alguien ha dicho que los pecados fundamentales son apetito, avaricia y ambición. No es malo querer tener algo para el propio cuerpo, o adquirir cosas o alcanzar metas; pero cuando el egoísmo está centralizado, entonces lleva a extremos. En Romanos 3:9, 23, leemos que "todos están bajo pecado... Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios". El hombre peca porque es pecador; su naturaleza está torcida y es incapaz de levantarse solo. Precisa de una ayuda extraña a sí mismo.

Soy muy feliz de poder decir, en cuarto lugar, que el hombre es un ser redimible; es capaz de llegar a ser otro mejor por la obra de Dios en él. En Juan 1:12 dice: "A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios." El apóstol Pablo en 2 Corintios 5:17 dice: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es," Jesús también, tratando con Nicodemo, habla acerca del nuevo nacimiento. Con el poder de Dios adentro y afuera, el hombre puede superarse; de manera que podemos decir que el hombre vale por lo que puede llegar a ser. Un perseguidor como Pablo se convierte en santo. En muchas partes hay personas que habiendo sido desechos de la sociedad, han llegado a ser personas de una vida noble y limpia por la redención que hay en Cristo Jesús.

Hace algunos años un profesional chileno estaba felicitando a quien escribe estas líneas, por lo que él veía que el evangelio hacía para el hombre desesperanzado. Me alegré de poderle confirmar que el evangelio puede cambiar al más bajo y vil; pero que también puede cambiar a un arquitecto culto, carente de la salvación. En verdad un hombre bien educado que es egoísta y orgulloso, y que tiene tendencias hacia el mal puede hacer mayores estragos que el pobre a quienes muchos miran con desprecio por su estado de embriaguez o por sus otras debilidades. El hombre es un ser a quien Dios puede redimir.

En quinto lugar queremos hacer énfasis en que el hombre es un ser de un valor incalculable. El hombre puede ser inmensamente superior a cualquier bestia del campo, pero también puede descender a maldades de las cuales ningún animal es capaz. Encontramos en las Escrituras que Jesús se preocupa por las personas porque tienen valor en sí. Leemos en Mateo capítulo 9 acerca de una mujer que estuvo enferma durante doce años. Muchos le menospreciaban, pero Jesús, aun en camino para atender la enfermedad y la muerte de la hija del jefe de la sinagoga, tuvo tiempo para atender a la pobre mujer inválida y, al parecer, inútil. Del mismo modo, en el capítulo 5 del Evangelio según Juan, se habla de un paralítico que había esperado al lado del estanque en Betesda durante treinta y ocho años. Esos largos años de sufrimiento fueron ocasionados en gran parte por sus pecados. Sin embargo, Jesús no estaba demasiado ocupado para atenderle; le sanó y le advirtió que no volviera a la maldad. También vemos a Jesús valorando a los niños, diciendo: "Dejad a los niños venir a mí", porque él veía en el rostro de cada niño una imagen de Dios, por cierto una que de por sí no era muy clara, pero que podría llegar a serlo y a tener algo de la gloria de Dios. Cada individuo es de un valor incalculable.

En conclusión, podemos decir que machas veces los seres humanos, olvidándose de Dios, no han sabido valorar al hombre. Vemos en el mundo moderno que el individuo en algunas agrupaciones sociales tiene muy poca importancia, pero cuando el Salmista inspirado pregunta: ¿qué es el hombre? estaba pensando, no en su bajeza, sino en su grandeza. El hombre es el centro de la creación de Dios y tiene valor—valor en sí por lo que es, pero mucho más valor por lo que mediante la gracia de Dios puede llegar a ser. En un mundo de avance materialista y de éxitos tecnológicos el hombre sigue siendo importante. Démosle, pues, el lugar que le corresponde, pero ayudémosle sí a salir del lodo cenagoso para poner su píe sobre la peña, donde puede volver a obtener algo de esa gloria de Dios en su rostro, que hubo antes de su caída en el pecado.


Tomado de: Revista Ancla. Tomo 3. Num. 2. p. 12-14.

 
  WCN.  
Volver al Índice