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¿Los Niños En El Culto?
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Casi en todas las iglesias se ha discutido mucho si los niños párvulos y principiantes deben asistir a los cultos de predicación, y generalmente las respuestas son negativas.
Muchos opinan que los niños no deben asistir a los cultos de predicación, sino hasta que llegan a la edad de primarios (9 a 12 años).
Las razones que generalmente se dan para esto son: Que los niños no entienden el sermón ni nada de lo que se hace en el culto.
Que no están quietos ni dejan estar a los demás.
Que es injusto obligarlos a permanecer quietos durante una hora o más que dura el culto, y otras cosas por el estilo.
Por tales motivos algunas iglesias tienen los domingos por la mañana, a la hora del culto, alguna reunión infantil.
En muchas iglesias hemos visto que los niños que llegan al final de la edad de principiantes (8 años) sin haber asistido a los cultos de predicación, pasan al grupo de primarios (9 a 12 años) y aún no aprenden a comportarse como conviene en dicho culto.
Por tanto, es necesario que procuremos que los párvulos y principiantes asistan al culto, en vez de evitarlo. Atendamos a las siguientes amonestaciones de la palabra de Dios.
"Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley" (Deuteronomio 31:12).
"Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él" (Proverbios 22:6).
La educación cristiana que imparte la iglesia debe ser bien balanceada. En sus clases aprenden de acuerdo a su capacidad mental; en el culto aprenden mediante la práctica el hábito de estar quietos. Ciertamente ellos no pueden comprender mucho del culto, pero pueden sentir el espíritu gozoso y reverente con el cual se adora al Señor.

Lo Que los Maestros Pueden Hacer

1. Lograr Cooperaci ón General.

En un artículo sobre la reverencia, que apareció hace algunos años en El Promotor de Educación Cristiana, la autora, Dorotea Grijalva, dice: "La mejor manera en que los chiquitos aprenden es por medio de la imitación. Aprenden a hablar imitando los sonidos que hacen sus padres; aprenden a portarse imitando a sus padres. Entonces ¿no es de esperarse que aprendan a ser reverentes por medio del ejemplo que les ponen sus padres y los demás adultos (y jóvenes) de la iglesia? No es cosa extraña que los niños salgan del culto durante la oración, cuando los adultos que llegan tarde entran al templo durante una oración con tanta libertad como si no hubiera comenzado el culto. No vale la pena decirles a los niños que no deben hablar durante el culto si ven a los adultos hacerlo. Cuando los adultos aprendan a ser reverentes en el templo, no será muy difícil enseñar la reverencia a los niños."

2. Lograr Cooperaci ón de los Padres.

• Sentar a su lado a los niños. Será inspirador ver a las familias completas ocupando un banco del templo durante el culto, las familias unidas en la adoración a Dios.

• Instarlos a tener el culto familiar. Si los niños están acostumbrados a ver y oir en su hogar la lectura de la Palabra de Dios, los cantos y las oraciones, sabrán tener la actitud correcta al oírlos en el templo.

• Explicar en el hogar las cosas que el niño desea saber acerca del culto y del templo. De esta manera evitará que esté haciendo preguntas a la hora del culto.

3. Lograr la Cooperaci ón del Predica dor y los Dirigentes del Culto.

• Procurar no alargar el culto. Deben considerar la inquietud de los niños. Aun cuando ellos no estén en el culto, sino que tengan reunión apar te, si se alarga mucho causa problema a los maestros, pues no pueden retener la atención de los niños y guardar la disciplina por mucho tiempo.

• Dar a los niños participación en los cultos. Puede pedírseles que canten solos una estrofa o el coro de algún himno congregacional, o que repitan el versículo sobre el cual se basará el sermón, siempre que sea corto y fácil para que los niños lo repitan.

• Comenzar el sermón con una ilus tración, historia o comentario que interese a los niños.

e Procurar que no haya momentos de espera, inactividad o interrupciones durante el culto.

• De vez en cuando predicar sermones para los niños. Entonces se puede instar a los mayorcitos a reconocer su pecado, y a aceptar a Cristo.

4. Dar su Propia Cooperación.

• Durante la clase los maestros pueden recomendar a los niños la forma como deben comportarse en el culto.

• Preparar la disposición de los niños a la reverencia y quietud. En cierta ocasión en una clase se trató el asunto de la reverencia en el templo. Para concluir la clase entonó el canto "Vengo el Domingo" haciendo lo que dice cada estrofa: "caminando", "a brinquitos", "correteando", y por fin entrando al templo "de puntillas". Fue notable que al ir los niños al tem plo para el culto, lo hicieron caminando de puntillas.

• Sentarse con su grupo a la hora del culto. No a todos los niños los acompañan sus padres, y conviene que con ellos se siente un maestro durante la hora del culto.

• Instarlos a escuchar atentamente todo lo que se diga en el culto, para descubrir versículos y nombres de personajes bíblicos que ellos conocen.

Cómo Lograr Todo Esto

Maestros, si ustedes han de lograr todo lo que aquí se ha dicho, tendrán que pedir la cooperación de toda la iglesia, de los padres de los niños, del pastor y de los dirigentes de los cultos.

Pueden hacerlo por medio de anuncios, de pláticas personales, de recados enviados a los padres, y por medio de pequeños artículos y anuncios en el boletín de la iglesia.


Tomado de: Guía Para Maestrosde Niños. Tomo XVI. Número 3. p. 17,18. Casa Bautista de Publicaiones.
 
  WCN.  
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