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Los jóvenes frente al cigarrillo
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Autor: Dra. Moría Luisa P. de DiStacio

INTRODUCCIÓN: "Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen."

La vida moderna nos empuja día a día a actitudes uniformes. La frase "hay que hacerlo porque todos lo hacen", viene a ser como una justificación por aquellas cosas que atentan contra las buenas costumbres y la buena crianza. Pensamos que haciendo como los demás, nos evitaremos la crítica y burla de los que nos rodean.

Nosotros que hemos pasado "de muerte a vida" al aceptar a Cristo como Salvador personal, no podemos meternos en la fila de los que a ún están "muertos" en sus pecados. Cristo nos ha mostrado un camino más excelso, pero está en nosotros seguir fielmente o desviarnos de él.

El fumar es un vicio maloliente, sucio y peligroso. Algunos consideran que se es "elegante" al fumar, que las actividades sociales lo exigen, que la mujer que fuma aparece "m ás interesante" ante los ojos de los varones, etcétera. A la joven cristiana no debe de preocuparle lo que la sociedad piense de ella, o lo que digan sus amistades o los varones que la rodean; pero sí debe de interesarle lo que CRISTO piensa y espera de ella. Una joven cristiana sincera desear á evitar contaminarse con este vicio, razones nos sobran, pero en esta oportunidad mencionaremos sólo tres.

¿POR QUE NO DEBE FUMAR UNA SEÑORITA CRISTIANA?

1. PORQUE DEBEMOS IMITAR A CRISTO: En ninguna parte de los Evangelios se menciona que no debemos fumar. El señor no tuvo que prohibir tal vicio porque sus seguidores en aquel tiempo no sufrían de tales debilidades, probablemente tendrían otras, pero sí tenemos que reconocer que el judío era exageradamente limpio en su persona, tenía costumbres y hábitos muy sanos. Por eso no era posible prohibir algo que no se practicaba.

Los discípulos de Cristo trataron de imitar a su maestro en todo lo que les fue posible. El mismo Señor se había puesto como maestro, como un modelo de lo que ellos debían de ser y hacer; se dio a conocer como el Hijo de Dios cuando dijo: "Yo y el Padre una cosa somos", yo hago lo que es la voluntad de mi Padre". También les dijo: "sed... perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es per

fecto" (Mateo 5:48); el modelo por lo tanto era perfecto.

¿Podemos imaginar a Jesús en el monte, frente a una muchedumbre ansiosa, y con un cigarrillo entre sus dedos? Cuando estaba en el Getsemaní y sus amigos le dejaron solo, ¿recurrió a una cajetilla de cigarrillos para aliviar su tristeza? Cuando muy temprano en la mañana salía al desierto para orar, ¿encendía un cigarrillo? No, no podemos imaginar a Jesús dependiendo de un cigarrillo en los momentos difíciles. El siempre quiso agradar al Padre, y nosotros que reconocemos que él nos ha salvado de nuestros pecados, debemos de ser sinceros y desear agradar al maestro. Debemos de imitarle en todo y no sólo en aquellas cosas que se ajusten a las conveniencias personales nuestras. 1 Pedro 2:9.

2. PORQUE NUESTRO CUERPO PUEDE SER VIVIENDA DEL ESPÍRITU SANTO:

1 Corintios 6:19, 20. Según las estadísticas e investigaciones médicas, el más fatal de todos los cánceres es el que ataca al pulmón. Se ha llegado a la conclusión que esto se debe a la prolongada inhalación del humo del cigarrillo. Las estadísticas muestran además que el promedio de muertes por causas generales es el doble más alto en los fumadores que en los que no lo son. Estos datos no han sido dados por líderes religiosos, ni por reformistas bien intencionados, han sido proporcionados por científicos que se han propuesto averiguar si en verdad vale la pena seguir quemando el dinero y ensuciando los dedos y los dientes. Son ellos los que han llegado a la conclusión que los fumadores son los mejores candidatos para el cáncer pulmonar y otras enfermedades. La medicina se está preocupando de dar protecci ón al cuerpo, sin considerar el alma que este cuerpo abriga. Pero al Señor si le interesa esta alma inmortal que mora en este cuerpo mortal, porque es esta alma la acogedora del Espíritu Santo. El Señor nos dice: "... el Espíritu Santo mora en vosotros y estará con vosotros." (Juan 14:17). Pero el Espíritu Santo no puede hacer la obra de Consolador cuando tenemos que recurrir a un cigarrillo en medio de nuestras tristezas, y de crisis; no puede enseñarnos cuando necesitamos imperiosamente de un cigarrillo para "relajar la mente y el cuerpo". ¿Quién es en verdad el que gobierna mi vida emocional, un vicio o el Espíritu Santo? Debemos de ser sabios y no conformarnos a los deseos que antes teníamos. 1 Pedro 1:1316.

3. QUE OTROS AL VER MI EJEMPLO QUIERAN SEGUIR A CRISTO: "Sed santos, porque yo soy santo ..." (1 Pedro 1:16) ¿Qué clase de ejemplo soy yo como cristiana? ¿Pueden otros al mirarme desear conocer a este Cristo que yo sigo? ¿Soy yo un tropiezo para que otros se conviertan a Jesús? ¿Doy yo motivos para una crítica desfavorable para los cristianos? ¿Podría hablarles a mis amigas de los cambios que el evangelio trae, mientras fumo un cigarrillo? ¿Podría enseñar a los niños del milagro de una vida transformada, cuando mis dedos y mis dientes están manchados por la nicotina?

Es muy probable que una persona fumadora gaste m ás dinero en tabaco que en dar para su iglesia. Si esto es así, constituye una cruel burla al trabajo misionero y al programa evangelístico de las iglesias, porque estamos expresando con nuestro activo vicio que nos gozamos más en quemar el dinero que darlo para que otros puedan salir de las tinieblas a la luz.

Este relato de la vida real, nos muestra las terribles consecuencias de lo que parece un vicio inocente:

A la casa de una joven cristiana llegó un día una señorita no cristiana, y se encontró que su amiga estaba fumando; después de su sorpresa, ya que creía que ningún evangélico fumaba, quiso ella también "probar". ¡No podía ser esto tan dañino ya que su amiga cristiana lo practicaba! Allí aprendió a fumar.

Después de algunos meses la joven cristiana supo que su amiga había sido hospitalizada en pésimas condiciones; esta señorita no se había contentado con cigarrillos comunes y corrientes, pues había sido introducida a la marihuana y después a otras drogas, convirtiéndose en una "adicta" a la morfina. Esta tragedia se repite a diario en el mundo, pero es más trágica y dolorosa cuando es nada menos que una señorita cristiana la que ha arrastrado a otra persona a tan cruel situación.

Hay quienes argumentan que el fumar es un vicio simple y muy personal, pero en lo profundo de sus corazones saben que eso es falso, porque siempre envolver á a otros y traerá sólo infelicidad y daño físico. No olvidemos estas palabras: "mas vosotros sois linaje escogido, ... nación santa..." (1 Pedro 2:9).


Tomado de: Revista resplandor. Tomo II. Núm 2. p.23,24,32
 
  WCN.  
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