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La Fuerza de la Juventud
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Autor: Lic. Humberto Hernández R.
Porque la fuerza de la juventud es militante, su paso firme, sonoro. El sonido de sus trompetas cadencioso. Sus banderas siempre van desplegadas. El triunfo de su poder es sentido. Porque no solamente son capaces de sujetar viejos errores, sino de realizar nuevas conquistas. Porque no claman por camas de descanso, sino aceptan duras tareas. Porque en la brillantez de lo invisible, emprenden lo imposible. Porque son el verdadero apogeo de las hazañas. Porque poseen valor y vigor. Porque su pasión por el progreso será la llama que queme las tendencias paganas de la civilización. Porque el calor de la fiebre de sus elevados propósitos despertará el pulso de nuestra generación. Porque están en busca de un destino tan grandioso como el de la divinidad misma.
En muchos lugares, el celo entusiasta de la juventud cristiana está haciendo que iglesias se hinchen de intensa pasión. Están causando nuevos fuegos y latidos elevados. Ciertamente el ojo de la iglesia ha perdido mucho de su fuego. Sus señales han sido deterioradas, su visión borrada, su misión descuidada,
su ministerio desestimado, su esperanza obscurecida. Pero la juventud está haciendo mucho y puede hacer aún más, para dar a nuestras iglesias un fuego más ardiente, propósitos más profundos, resucitar sus energías disminuidas y revitalizar su vida. La juventud tiene visión. "Vuestros mancebos verán visiones", dice la Palabra de Dios. Pero las visiones pueden ser vanas o benéficas y aquí es donde debe tener cuidado la juventud de no extraviarse en el camino. Napoleón tuvo una visión de la monarquía universal y empapó la tierra en sangre. A menudo la juventud sueña con el encuentro del placer en el bosque del pecado; en el tesoro de gran valor, en el campo de la indulgencia. Toda esta juventud se desilusionará tarde o temprano.
Pero la juventud que tiene visión y escucha el llamado, será apta para los propósitos del gran Rey. Pablo tuvo una visión y oyó un angustioso llamado: "Pasa a Macedonia y ayúdanos". Lutero, joven aún, tuvo una visión de una iglesia purificada, reformada. Su profesor trató de disuadirlo diciéndole: "Vete de aquí, monje necio, y pide a Dios su voluntad para reformar los abusos de su iglesia, porque ¿qué puedes tú hacer por ella?" Lutero sin embargo, pudo hacer mucho al traer la Reforma.
La juventud es fuerte en pasiones, en impetuosos deseos, en apetitos lascivos; pero son también fuertes en esperanza, en ambiciones y aspiraciones. Aquellos que han tomado la espiga del cristianismo, sigan con ella. Dios, Cristo y el Espíritu Santo f son sus coronas fuertes.
La juventud también ha sido bendecida con un espíritu de intrepidez. David todavía estaba muy joven cuando ya era intrépido como un león. Hoy día, cuando la fuerza bruta levanta su espantosa cabeza, la juventud salta la línea, se pone en guardia y toda mano se convierte en actividad. La juventud se levanta instintivamente contra los errores sociales, las injusticias raciales y los prejuicios nacionales e internacionales. Tienen la audacia para actuar hoy, en vez de esperar hasta un mañana fácil. Pueden decir a los dictadores: "Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado."
Atacan valerosamente errores colosales, maldades gigantescas, iniquidades intrincadas. Hacen más que resistir, persisten. Mucha de la juventud hoy en día se encuentra clasificada en la categoría del hombre que dijo: "No me contaminaré, con la ración de la comida del rey." La juventud tiene moral e integridad intrépidas y las capacidades más sutiles para ser leales a lo elevado y a lo mejor. Sus negativas, su disciplina y dedicación, los están haciendo indispensables. •4. Pero la juventud ha sido desafiada ante todo, a una aventura espiritual. La Escritura dice: "Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas, como las de un palacio."
La juventud está desafiada a enarbolar sus estandartes. No puede inclinarse al placer cuando está comprometida y sometida a leyes de moral cristiana. La juventud debe desear lo elevado, lo dinámico, lo viril y lo atrevido. Debe gritar: ¿quién es este filisteo, incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? El portaestandarte en la batalla, debe ser ejemplo del espíritu de la juventud. En las huellas de sus conquistas "los ídolos deben caer de sus tronos y las ciudades deben abrir sus puertas."
La juventud de América es el más grande capital. La salud y el futuro de nuestros países, no descansa sobre nuestros campos fértiles, o nuestros paisajes escénicos, o nuestras altas montañas. Nuestra protección no descansa en nuestras armas, en nuestra fuerza o en las grandes batallas. Nuestra salud y protección no descansa en nuestros valores de banco, en núestras instituciones educativas, en nuestras fábricas o en nuestros recursos subdesarrollados, aunque es importante todo esto. La salud y protección de nuestra patria y de nuestra civilización, descansa en la juventud de nuestra tierra.
¡Aquí está pues la juventud! ¡Ella tiene posibilidades casi ilimitadas! ¡Tiene imperios en su alma! Ella mantiene en sus manos el destino de buena parte de nuestro futuro. Su preparación, su protección, sus ideales y aspiraciones determinarán lo que será ese futuro. Padres, maestros, iglesias, deben dar valor a la juventud, deben guardarla y salvaguardarla.

Tomado de la Revista Ancla. Abril a junio 1967. p.24-27
 
  WCN.  
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