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La mujer, el noviazgo y el sexo
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Autor: Nohemí Moscoso, Guatemala

Para iniciar, considero conveniente dar un concepto acerca de lo que es el "sexo" y, diremos que es un conjunto de caracter ísticas, que hacen posible definir a las personas como hombres o mujeres.
Al sexo se le considera formado por dos aspectos y estos son:

1. El sexo orgánico: Este incluye la conformación anatómica y su funcionamiento muy propios de hombre o mujer. Con el crecimiento y la maduración, la mujer va adquiriendo algunas características físicas visibles a simple vista, como son el desarrollo del busto, el ensanchamiento de las caderas, etcétera.

2. El sexo de crianza: Aquí es donde aprendemos a identificarnos como mujeres, y esto empieza desde que nuestros padres se preocupan porque la nueva niña tenga ropa de color adecuado (rosado). Luego viene
el uso de los vestidos, el estilo del calzado, la forma en que se nos prodigan en esta etapa de la vida. Además de esto viene la identificación con uno de nuestros padres, en nuestro caso nos damos cuenta de que nos parecemos a mamá y nos gusta imitarla en todo lo posible, luego viene, la relación con nuestras compañeras de colegio y todo este conjunto interviene en la formación de nuestros modales femeninos.

Estos dos aspectos del sexo van ligados uno al otro; el sexo no estaría completo si uno de los dos aspectos anteriores faltara.

Dios creó el sexo con un objetivo y este objetivo es la perpetuidad de la especie como también sucede con los animales y vegetales. Es una especie de eslabón para lograr la armonía en el mundo.

Como consecuencia, se deriva una atracción tan característica que en determinado tiempo se despierta entre hombre y mujer. Esta atracción se manifiesta por un deseo de relacionarnos con los compañeros del sexo opuesto. Debido a esto es que nos sentimos entusiasmadas con la presencia o a veces solamente con la alusión de algún amigo. De esta atracción surgen los noviazgos y esta es una etapa en la que nuestras reacciones como humanas que somos se despiertan o intensifican. Es una etapa en la que empezamos a demostrar el afecto que sentimos hacia la persona amada.

El ideal del noviazgo es que las dos personas se conozcan cada día más. En lo que se relaciona a sus caracteres, aficiones, etcétera, se procura la mayor afinidad posible. Durante el noviazgo, el sexo no debe ser objeto de todas sus manifestaciones ya que es una etapa en la que debemos conocernos más que nada espiritualmente. Es obvio que no podemos hacer totalmente a un lado al sexo porque es parte de nuestra forma­ción humana; por lo cual debemos tener en cuenta que de las muchas y prolongadas demostraciones de afecto pueden surgir reacciones que, aunque son muy normales en nosotros, de nuestra actitud dependerá el triunfo o el fracaso de nuestra vida. Hago hincapié en que debemos observar una actitud de cordura, un sentido de responsabilidad y por lo mismo un respeto hacia nosotras y hacia la persona amada. Debemos mantener presente que las demostraciones puramente de sexo no pertenecen al noviazgo aunque muchos nos digan lo contrario. En nosotras debe prevalecer el concepto de moralidad cristiana que nos ayudará a entender claramente que son relaciones maravillosas, únicamente observadas en el matrimonio.

Hay tantas cosas que podemos hacer, con las que podemos evitarnos fracasos y de las que sí podemos obtener muchos beneficios. Cuando queremos de verdad a alguien, puede satisfacernos leer juntos un buen libro, hablar acerca de nuestras experiencias diarias, ayudarnos mutua­mente en nuestros problemas, gozarnos de nuestras alegrías, disfrutar de un buen paseo, etcétera.

Para finalizar, quiero dejar con ustedes una idea que considero muy importante, esta es: Que nosotras no nos pertenecemos. La maravillosa humanidad con que Dios nos ha dotado s ólo pertenece a él por derecho de creación y debemos de saber que nos ha creado para un propósito sagrado. Mientras su propósito se cumple en nuestra vida, procuremos que nuestras relaciones se desarrollen como a Dios le agrada.

El secreto para obtener el éxito en nuestra vida está en mantener es­trecha relación con nuestro Dios mediante la oración. De la misma manera que solicitamos su ayuda en nuestros estudios, trabajo, etcétera, ¿qué mejor consejero que él para ayudarnos a resolver problemas de trascendental importancia en nuestra vida? Solicitemos de su auxilio y él nos dará la victoria.

" ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es" (1 Corintios 3:16, 17).

Tomado de: Revista Resplandor. Tomo IV. Número 4. p14,15.
 
  WCN.  
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