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Drogas
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Autor: Ana María Swenson

En el transcurso de las primeras semanas de 1970, la prensa informó que Bílly Graham había afirmado que los jóvenes se estaban inclinando por las drogas, por una felicidad química, por sentirse enajenados y por estar buscando algo que sólo encontrarían en Dios.

Se pueden postular muchas razones psicológicas, personales, globales y familiares para la difusión del problema de las drogas, entre ellas:
1. Las drogas son aceptables socialmente;
2. Las drogas proveen escape de un mundo enloquecido;
3. Las drogas son más fáciles de tomar que el alcohol;
4. Son el medio de escape del hastío que predomina en la sociedad.
Al hablar de drogas se desea dar una definición. Por droga se entiende una substancia química que altera el temperamento, la percepción o la conciencia, y de la cual se abusa con efectos nocivos para la sociedad.
Con los avances científicos y farmacológicos, en muchos hogares hay medicinas con drogas y es allí, en el seno del hogar, a escondidas y a temprana edad, donde se prueban por primera vez.

CLASIFICACIÓN
Las drogas pueden ser clasificadas de las siguientes maneras:
1. Anfetaminas o "pildoras"
Son estimulantes. Producen excitación que degenera en inapetencia, actividad intensificada, y la habilidad de durar mucho tiempo sin dormir. Algunas anfetaminas comunes son:
bencedrina
dexedrina
me fadrína
Vienen en tabletas o cápsulas. Se toman oral o intravenosamente e inmediatamente afectan el sistema nervioso central. Pueden llegar a ocasionar arrestos cardíacos.
2. Barbitúricos
Término médico para sedantes e hipnóticos, usados para aminorar la velocidad de las funciones mentales y físicas del individuo. Las más comunes son:
amital
nembutal
seconal
Se presentan como pildoras o cápsulas y por lo general se consumen oralmente. Un individuo que esté sufriendo los efectos de los barbitúricos se asemeja a un borracho, pero sin olor a alcohol. Los barbitúricos pueden ocasionar la muerte por defecto respiratorio. Pueden ocasionar la dependencia psicológica y física.
3. Alucinógenos
Constituyen el grupo generalmente conocido como drogas psicodélicas. Estas producen distorsiones de espacio, sonido, color y tiempo. Algunas de las más comunes son:
LSD
STP
DMT
Estas drogas crean alucinaciones que entorpecen la habilidad de distinguir entre la verdad y el mito. Su efecto dura hasta dieciocho horas o más, y quien está bajo su efecto está totalmente divorciado de la realidad. Si bien no ocasionan afición física, pueden crear la dependencia psicológica.
Bien se ha dicho que asi como las drogas que físicamente producen afición física, tales como !a heroína, continúan asociadas con la prostitución y el crimen, así también las drogas psicodélicas tales como la mariguana y LSD1 se han convertido en símbolo de revolución, de rebeldía, de una generación en contra de todo cuanto les rodea. 4. Heroína y otros narcóticos
Morfina, codeína son derivados del opio. Estas drogas provocan un estado de bienestar general que dura de tres a cuatro horas. El que usa de ellas habitualmente deberá reabastecerse, puesto que los narcóticos pueden producir una dependencia tanto • física como psicológica.

TRATAMIENTO
Se postula que el tratamiento ayuda a un drogadicto. Sobre este punto hay unanimidad de opinión umversalmente. Por desgracia, sobre los puntos específicos hay mordaz desacuerdo. Esto se debe, en parte, a los muchos criterios que existen de por qué las personas se inclinan por las drogas, como así también por el hecho de que no ha habido suficiente tiempo para estudios a fondo y a largo plazo.
Es importante distinguir entre dos grupos principales de drogas desde el punto de vista de sus efectos:
1. Las que ocasionan efectos farmacológicos y fisiológicos, tales como:
morfina heroína codeína metadona
2.1 Los estimulantes del sistema nervioso central, tales como:
anfetaminas
cocaína
2.2 Los deprimentes del sistema nervioso central, tales como:
barbitúricos
alcohol
sedantes
2.3 Las drogas psicodélicas y alucinógenas, tales como:
mercalina
LSD
mariguana
En el primer grupo que incluye la morfina, estas drogas pueden ser inyectadas, inhaladas, o tomadas oralmente. Cuando se usan varias veces al día, se va creando una tolerancia que viene a constituirse en dependencia de la droga. Y si no se usa, puede suscitarse un estado de reacción de retraimiento.
Es entonces cuando el que usa la droga nota cambios fisiológicos. Y al notarlos y para cubrirlos, toma más. Cuando se crea un "hambre" por los narcóticos, entonces se descartan otros intereses y valores, y el individuo sólo se dedica a satisfacer esta hambre.
Es necesario1 reconocer dos posibles caminos a seguir para ayudar a resolver este problema crónico de las drogas:
1. Prevenir el uso abusivo de las drogas
2. Rehabilitar a los drogadictos
Bajo el primer criterio será preciso inaugurar un programa de enseñanza que comprenda la naturaleza de las drogas, los peligros que entrañan, la psicología de la afición, entre otros puntos de educación.
Bajo el segundo criterio, conocer los programas, pocos quizá, de rehabilitación ya instituidos nacionalmente.
Entre los diversos tratamientos con los cuales se ha experimentado, se menciona el de las drogas antagónicas. Una droga antagónica que obstaculiza la acción narcótica no puede impedir que el individuo se relacione con otros drogadictos, ni que altere su conducta antisocial, ni proporcionarle pericias vocacionales, ni esperanza para una mejor vida en el futuro.
También existen centros de rehabilitación administrados por ex drogadictos. Mientras se encuentran voluntariamente en dichos centros, muchos drogadictos pueden funcionar productivamente. De los métodos empleados al presente, éste parece ser el que está produciendo los mejores resultados.

ACTITUDES PERSONALES
Pero, ¿qué más puede hacer el individuo interesado en ayudar?
Podrá cultivar una actitud correcta y cristiana para con el drogadicto, recordando que es un hermano (Gen. 4:9) en necesidad física y psicológica (Mateo 25:35-45), cuyos deseos lo han esclavizado (Romanos 7:23, 24; Santiago 1:14, 15). En esta condición necesita ayuda, no condenación (Mateo 7:1-5).

EL ADULTO FRENTE AL PROBLEMA
Es posible y probable que para poder ayudar se tenga que reeducar al adulto, enseñándole patrones de vida contemporáneos del preadolescente. Quizá tenga el adulto que hacer frente a sus prejuicios personales en torno al drogadicto en potencia, a fin de no proyectar dichos prejuicios al tratar de ayudar al joven. El adulto debe ser sincero y genuino en su deseo de proporcionar ayuda, y estar dispuesto a someterse a esta reeducación en un grupo pequeño de adultos igualmente interesados.

Es también imperativo reconocer el dilema del drogadicto, y al comprender este dilema se comenzará a comprender el dilema del hombre moderno. Y esto implica que no son las drogas el problema exclusivo, sino que el problema son las personas que recurren a las drogas.
Como adultos, es imprescindible escuchar a nuestros jóvenes en todo momento, y máxime antes de que se manifiesten los problemas.
Como adultos, es necesario resistir la tentación de emplear técnicas de manipuleo y de intimidación.
Como adultos, es imperativo que vivamos vidas consecuentes, modelo, ante los jóvenes.
Como adultos, es forzoso que tengamos confianza en los jóvenes.
Como adultos, es necesario que nos mantengamos al corriente en torno a información, a fin de poder dar una orientación atinada cuando ésta sea solicitada.
Como adultos, es necesario que tengamos normas de disciplina, las declaremos, y las respetemos.
Otra ayuda que puede proveer un selecto número de adultos concierne a las vías de comunicación. El drogadicto tiene la tendencia de retirarse a esta nueva subcultura, especialmente ante la posible oposición de los adultos. Llega a clasificar a todas las personas como iguales a él o contrarias a él. De ahí que es imprescindible que los que trabajan entre jóvenes no se escandalicen, ni creen escenas teatrales, sino que puedan aceptar ai drogadicto como persona sí bien no aceptan su vicio, que sepan escuchar con el fin de tratar de encontrar un eslabón por medio del cual ayudar al drogadicto a resolver su propio problema.

EL JOVEN ANTE EL PROBLEMA
Pensando en el joven drogadicto del mundo contemporáneo, no puede ser identificado fácilmente ni por su cociente intelectual, ni por su medio económico, ni por su sexo. Es muy probable que sea buen alumno y que evidencie adaptación social.
Sin embargo, se ha dicho y con acierto, que son sus propios congéneres quienes lo invitan a participar en las drogas, y no un adulto" conocido o desconocido interesado en el negocio comercial de la venta clandestina. Esto se debe al hecho de que el joven, viviendo más en el presente que en el pasado o en el futuro, desea ser aceptado e identificarse con su grupo, y el grupo más importante, con el cual desea tener contacto, es el de sus amigos. De ahí que largas conferencias sobre los males de las drogas, pronunciadas por adultos bien intencionados, de poco valdrán. Si el grupo de congéneres desprecia las drogas, es muy probable que el joven las rechace también. Si el grupo las acepta, lo propio ocurrirá en el joven tentado y buscando identificación.
Pero dentro de este cuadro frecuentemente la voz de mayor peso es la del ex drogadicto. En grupos pequeños donde pueda existir un franco intercambio de impresiones y un diálogo, en un ambiente' falto de amenazas reales o imaginarias, los jóvenes tentados a claudicar podrán adquirir una nueva orientación.


EL JOVEN CRISTIANO FRENTE A LAS DROGAS
Al hablar de drogas, fundamentalmente la persona está admitiendo que no puede con la carga de este mundo. El mundo le resulta horrendo. Por eso desea cambiar la forma por medio de la cual ve al mundo.
El joven cristiano no tiene necesidad de las drogas para escapar y para separarse del mundo, puesto que tiene a alguien por quien vivir, Cristo, y una causa a la cual entregarse de lleno, vale decir, la causa de Cristo y de su reino. Es más, el joven cristiano contará con poco tiempo para pensar, mucho menos para probar y experimentar estas manifestaciones que implican buscar nuevos valores, nuevos ideales; ya que su tiempo y sus energías están canalizados al engrandecimiento del reino y a la honra de Dios.
Cristo proveyó la verdadera tónica revolucionaria cambiando el corazón, el alma del individuo, y dándole nueva dimensión de significado a su existencia, no por un momento fugaz, sino por toda una eternidad. Esta tónica revoluciona su vida en todo sentido de la palabra. En lugar de un mirar introspectivo, enfermizo, con una preocupación hasta malsana por uno mismo, Cristo incita a que amemos al prójimo como a nosotros mismos, que caminemos la segunda milla, que presentemos la otra mejilla. En este nivel, si realmente amáramos a nuestros semejantes como a nosotros mismos, estaríamos enfrascados en la resolución de los problemas más agudos que confronta a nuestra humanidad, entre ellos: las injusticias, los problemas sociales, la demografía, la ecología, no destruyendo el sistema, las instituciones ni la tierra, sino dándoles vida nueva por el nuevo uso dado a ellos. El verdadero cristianismo, lejos de limitar, realmente amplía y ensancha vida, panoramas, y visión.

CONCLUSIÓN
Alien Y. Cohén, profesor asociado de psicología, quien por cuatro años compartió la existencia de Timothy Leary en México y en los Estados Unidos, en reciente conferencia pronunciada en el Colegio Católico Loras, dijo que todos creían que el LSD cambiaría el mundo; pero no ha sido así. Dijo que cuando él usaba LSD, al pasar su efecto llegaba nuevamente a la realidad, a la misma realidad que creía cambiaría, precisamente porque no podía ser cambiada desde dentro. Según Cohén, ultimadamente quien abusa de las drogas o dejará de usarlas, o morirá, o perderá la razón.
En una entrevista publicada el 23 de octubre de 1970 en la revista internacional Visión, el doctor Juan José López Ibor, entonces Presidente da la Federación Mundial de Siquiatría, dijo respecto de la mariguana: "Existen otros peligros desconocidos todavía que pueden producir las drogas. Desde el punto de vista médico me parece una imprudencia pensar en que la liberación de la mariguana resolverá el problema. Todavía se sabe poco acerca de lo que puede ocurrir en lo futuro con los consumidores que' empiezan en plena juventud y conservan el hábito durante la edad adulta."


Tomado de la Revista Ancla: Tomo VI. p. 26-30.

 
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