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Dietrich Bonhoeffer - Un Testigo para hoy
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Autor: Dave Hill

Un joven pastor, muerto por los nazis, ha dejado un mensaje para nuestros tiempos.
Hace solamente veintiséis años este abril, que los nazis asesinaron a un joven pastor alemán de nombre Dietrich Bonhoeffer. Fue ejecutado en la prisión Flossenburg, Alemania, por orden directa de Adolfo Hitler. Este pastor, que se interpuso portándose cristianamente, fue solamente otra de las víctimas del nazi enloquecido con el sueño de la conquista del mundo.

Y ahora, veintiséis años después, Dietrich Bonhoeffer ha sido reconocido. Se ha ganado el epitafio de testigo, mártir y discípulo. El ha sido llamado, y con justicia, el Esteban moderno de la nueva era de los mártires. Sus libros y sus ideas han tenido un efecto profundo en el mundo en el cual vivimos. Aun aquellos que nunca han oído de él han sido influidos por las ideas que por primera vez vieron la luz en sus libros.
Su vida, su obra y su muerte, han sido aprovechados por algunos y| han sido usados como bases de partida para la fe histórica, ejemplo del testimonio cristiano del día actual. Otros han aplaudido su heroísmo, y aun así le han acusado de predicar doctrinas desconcertantes. Muchos dirigentes de los movimientos de derechos civiles de hoy han sido influidos por sus obras y enseñanzas que dicen que la iglesia tiene un lugar en medio de los problemas mundiales, sea directamente o por medio de las ideas de aquellos que han encontrado en Bonhoeffer, un profundo manantial de perspicacia espiritual.

Bonhoeffer era un hombre complejo, que hablaba en nombre de la iglesia, y a la iglesia; un hombre que escribía obras técnicas de teología que han influido en tales personas como el obispo John Robinson, autoi del libro controversial Honest To God (Ante Dios); y una persona cuya libros en rústica tales como Life Together (La Vida Juntos) y The Cost af Discipleship (Lo que cuesta ser discípulo), han llegado a ser libre asequibles en los lugares de venta de libros de las universidades y ha seguido teniendo una influencia en aumento sobre la generación que ha llegado a su madurez desde su muerte. Esto señala a un hombre grande y multifacético, un hombre con talentos y un cristiano fino. Un hombre que era, en el mejor de los sentidos, un testigo para hoy. Por otra parte, ¿de qué telar se consiguieron los moldes para la vida de este ser?

En tiempos ordinarios, posiblemente, Dietrich Bonhoeffer podría haber sido un hombre de recordarse. Podría haber sido como muchos otros jóvenes pastores alemanes, un hombre que sirvió ante su rebaño con compasión y devoción, que escribió algunos libros acerca de su fe, y vivió una vida cristiana quieta y dedicada.
Pero, al madurar en la época de la Alemania nazi, y porque vio claramente delante de sí el reto, Cristo o el camino del mundo, y porque eligió vivir y morir como un testigo cristiano, la generación de hoy llama grande a Dietrich Bonhoeffer. El legajo de libros que dejó, muchos recogidos de sus propios papeles y cartas después de su muerte, han cobrado poder e influencia con cada año que pasa.

"El discipulado" él había escrito, "es un acto visible que se exhibe ante el mundo, o si no, no es discipulado... huir buscando la seguridad es negar el llamado. Y la iglesia de Jesucristo que quiere ausentarse ya no es la iglesia que testifica." Esto escribía y lo vivía, y por esto murió; fue el total y la esencia de su vida.
Nacido en Breslau, Alemania, en 1906, el joven Dietrich fue hijo de un siquiatra y nieto de teólogos. Uno de sus abuelos había sido el cape-•llán particular del Kaiser Wilhelm. Había crecido en un ambiente sólido de hogar cristiano en la tradición del pietismo luterano. Como joven, Dietrich pronto se dio cuenta de que él tendría que reconciliar los dos mundos que eran su primogenitura, el mundo del Espíritu de Dios, elección de su propio abuelo, y el mundo de la indagación humana en el que vivía su propio padre.

Antes de terminal' sus estudios en la escuela seminario en Alemania, escribió un libro. Aunque no era de los que mueven más el mundo, posiblemente, su título de Creatíon and Fatt (La Creación y la Caída) revelan los pensamientos que tenía este hombre joven. En este libro inició la pregunta que le seguiría toda su vida: ¿Qué es el discipulado?
En el año 1930, Dietrich, de veinticuatro años de edad volvió al hogar en unas vacaciones después de estudiar un año en los Estados Unidos en el Seminario Teológico Unión de Nueva York. Ya se vislumbraban las nubes de guerra en el horizonte alemán, y un verdadero amotínador de Munich estaba esperando el momento del golpe político.
Al empeorarse los tiempos, Bonhoeffer entraba y salía de Alemania. Fue pastor de una iglesia en Londres, enseñó en la Universidad de Berlín, fue el ministro de una congregación alemana en Barcelona, España, pero siempre recurría al tema sobre: ¿Qué es el discipulado?

En España se interesaba en los católicos que veía. El pueblo mantenía una fe firme en los rituales y parecían tener mucha fe en sus reliquias, oraciones a los santos, y otras cosas tradicionales basadas en una época antigua y sencilla. Aun así, Bonhoeffer vio que tenían una fe. Aunque él veía en ellos una fe mal dirigida, sin embargo no se podía dudar la profundidad de su fe. Era una fe que él presentía faltaba en su propia iglesia en Alemania.
De regreso en Berlín, al enseñar en la universidad, su buen humor, la profundidad de sus pensamientos , y el valor que le caracterizaba, hacía que muchos quisieran oírle. El joven profesor Bonhoeffer no tenía temor de usar ejemplos de la política nazi en sus discursos para proveer comentarios punzantes sobre la naturaleza del bien y del mal. Se atrevió aun a atacar a Hitler como una especie de "anticristo". La mayoría de sus colegas eclesiásticos optaron por un curso más seguro, el de ignorar completamente los temas políticos. Pero él no. "Si un loco maneja por las calles su automóvil", escribía, "¿será mi tarea como pastor cristiano solamente consolar y ayudar a enterrar a aquellas personas que han sido atropelladas? ¿O no debo yo acaso arriesgarme a detenerlo?"
Con declaraciones de este tipo no es sorprendente que, después de unos breves días de que Hitler tomó posesión de Alemania, el joven Bonhoeffer se encontrara privado de las ondas de transmisión de radio.

Se refugió por un tiempo en Londres, donde continuó su trabajo en la escritura del libro que hoy llega a ser su obra maestra, su Ethics (Etica). Este libro trataba el asunto que le había seguido por toda la vida: ¿Qué es el verdadero testimonio cristiano? Como compañera de esta obra escribió The Cost of Discipleship (El precio que se paga por ser discípulo), y él mismo llegaría a dar testimonio elocuente de lo que costaría en su propia muerte a pocos años.
En estos dos libros, procuró establecer un molde razonable para la vida, procurando contestar preguntas eternas nubladas por el emociona-lismo de la guerra. Por ejemplo, preguntaba: ¿Siempre es malo matar? Decidió, en algunos casos que no lo era. Uno que lucha por la libertad como un noruego, podría estar haciendo lo correcto al matar a un soldado nazi que invade su patria. Y esto sería cierto aunque el nazi no fuera simpatizante de la causa alemana, y estuviese obligatoriamente sirviendo en el ejército nazi. ¿Por qué? Porque ese individuo representaba a um gobierno maligno y el cristiano tenía el deber de resistir esa clase de gobierno malo. Moisés no había dicho, "no matarás" sino "no cometerás asesinato" (como también puede traducirse) y existe una diferencia básica.
Con esta muestra basta para saber y comprender la controversia que El brazo largo de la gestapo por fin lo alcanzó.

Aunque lo encarcelaron en Tegal, no lo silenciaron. Su celda llegó a ser una fuente de consejo y ánimo para esa iglesia confesante. Y además, era un vivo testigo tan pronunciado, que sus guardias se disputaban el honor de sacar clandestinamente sus cartas de la prisión. Para hoy, ya muchas de estas cartas han sido recogidas en un libro, Letters and Papers From Príson (Cartas y Papeles Desde la Prisión), que representan un testamento del valor humano ante el desastre.
Una vez él había escrito: "Cada hombre tiene su porción. Aquella que Dios crea que el hombre pueda ser digno de sufrirla. Le bendecirá con el don del martirio."
El había creído esto, y aun creyendo, fue a su muerte. El 9 de abril de 1945, la horca del verdugo silenció todo lo que era mortal del pastor Dietrich Bonhoeffer.
Sin embargo, su espíritu todavía vive, en sus papeles y sus libros y en el testimonio de su vida. El había invertido su vida comprendiendo el significado de la vida cristiana. En su muerte, él había dado un significado aun más profundo a su búsqueda. La historia le ha otorgado el epitafio más elevado. Hoy hay una placa sobre la pared de su iglesia natal en Alemania que dice sencillamente: Dietrich Bonhoeffer, un testigo de Jesucristo entre sus hermanos.

Tomado de: Revista el Faro Dominical. Tomo XLV. Núm. 1. Casa Bautista de Publicaciones. p. 18-21,27


 
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